Monseñor Agustín Aleido Román

Obispo Emérito de Miami y fundador de la Ermita de la Caridad

Mons. Agustín Aleido Román Rodríguez, hijo de Rosendo y Juana, nació en pleno campo cubano, en la finca “Casas Viejas”, término municipal de San Antonio de los Baños, provincia de La Habana, el 5 de mayo de 1928.

Se inició en la vida de la Iglesia ya adolescente y desde entonces se convirtió en un verdadero apóstol, evangelizando a amigos y vecinos. Fue de los alumnos fundadores del Seminario San Alberto Magno de Colón, Matanzas, donde estudió la filosofía. Completó sus estudios sacerdotales en el Seminario de los Padres de las Misiones Extranjeras en Montreal, Canadá, y recibió la ordenación sacerdotal el 5 de julio de 1959, también en Colón, y de manos de Mons. Alberto Martín Villaverde, obispo de Matanzas.

Por su celo apostólico y su intensa actividad pastoral, fue hostigado, perseguido y brevemente encarcelado, antes de ser expulsado de Cuba en 1961, por el régimen marxista, junto con otros 129 sacerdotes y el obispo Eduardo Boza Masvidal.

Trabajó como misionero en Chile y llegó a Miami en 1966. Siendo capellán del Mercy Hospital y asistente en la parroquia de St. Kieran, el Arzobispo Coleman Carroll le encomendó la construcción de la Ermita de Nuestra Señora de la Caridad del Cobre, más tarde declarada Santuario Nacional, y de la cual fue Rector hasta su jubilación en el año 2003.

En 1979 el Papa Juan Pablo II lo designó Obispo Titular de Sertei y Auxiliar de la Arquidiócesis de Miami, donde el Arzobispo Edward McCarthy lo ordenó el 24 de marzo de ese mismo año. Fue el primer cubano ordenado obispo en los Estados Unidos.

La autenticidad de su vida sacerdotal extensa e intensa lo llevo a ser la voz más respetada de la comunidad católica y de sus compatriotas cubanos. Logró la terminación en paz de los alzamientos de los presos en las cárceles federales de Atlanta y Oakdale, donde fue el mediador reclamado por los mismos presos sublevados. Su gestión fue altamente valorada por la prensa nacional que lo consideró un héroe. Román respondió con su humildad característica diciendo: "Un obispo, un sacerdote, es un servidor, no un héroe".

Imposible describir todo el trabajo apostólico, el esfuerzo pastoral y la dedicación de este hombre de Dios cuya santidad de vida iluminó a todos los que tuvieron el privilegio de trabajar a su lado. Innumerables fueron los reconocimientos de todo tipo, los que siempre recibió y a los cuales respondió con una sonrisa agradecida, sin que le impresionaran para nada en su profunda y sincera humildad.

Murió como vivió, evangelizando, orando por la libertad de Cuba, y dando todo a Dios y al prójimo, el 11 de abril de 2012. Fue, como dijo el Arzobispo Thomas Wenski:. "El Padre Varela de nuestro tiempo".