Ermita de La Caridad - Santuario Nacional
Ermita de La Caridad, Miami - El Cobre, Cuba

Ermita de La Caridad de El Cobre.
3609 South Miami Ave. Miami, Fl. 33133 Tel. 305-854-2404.
Mulier, ecce filius tuus - - filius, ecce mater tua
San Juan 19-26,27
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La Anunciacion, Fray Angelico "Dijo María: He aquí la sierva del Señor; hágase en mí según tu palabra."
La Virgen de La Caridad de El Cobre ©  

Lucas 1:38

- 26 Al sexto mes fue enviado por Dios el ángel Gabriel a una ciudad de Galilea, llamada Nazaret,
- 27 a una virgen desposada con un hombre llamado José, de la casa de David; el nombre de la virgen era María.
- 28 Y entrando, le dijo: "Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo."
- 29 Ella se conturbó por estas palabras, y discurría qué significaría aquel saludo.
- 30 El ángel le dijo: "No temas, María, porque has hallado gracia delante de Dios;
- 31 vas a concebir en el seno y vas a dar a luz un hijo, a quien pondrás por nombre Jesús.
- 32 El será grande y será llamado Hijo del Altísimo, y el Señor Dios le dará el trono de David, su padre;
- 33 reinará sobre la casa de Jacob por los siglos y su reino no tendrá fin."
- 34 María respondió al ángel: "¿Cómo será esto, puesto que no conozco varón?"
- 35 El ángel le respondió: "El Espíritu Santo vendrá sobre ti y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra; por eso el que ha de nacer será santo y será llamado Hijo de Dios.
- 36 Mira, también Isabel, tu pariente, ha concebido un hijo en su vejez, y este es ya el sexto mes de aquella que llamaban estéril,
- 37 porque ninguna cosa es imposible para Dios."
- 38 Dijo María: "He aquí la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra." Y el ángel dejándola se fue.


Con su respuesta Maria nos enseña humildad, obediencia a la voluntad de Dios, Maria en un principio no entiende el mensaje del Arcángel Gabriel, se turba su espíritu pero se entrega al señor; nos enseña además, que no es necesario comprenderlo todo para dejar obrar a Dios.

Indudablemente si arrancáramos esta bella página del Nuevo Testamento no podríamos entender quien es Jesús ni cuál es su misión salvadora. Es Maria, la nueva Eva, la que nos guía y conduce a conocer a Jesús, fruto bendito de su vientre, engendrado por el Espíritu Santo, quien la escogió como Santuario del Redentor. Es ella quien nos regala a su hijo, pero también se entrega toda a la voluntad de Dios. Los católicos debemos fidelidad y respeto a la Madre de Dios, quien bajo diferentes advocaciones se ha presentado en tantos lugares trayendo siempre un mensaje de amor y de obediencia, en los momentos de mayor sufrimiento y confusión para los pueblos; en ocasiones nos avisa de los peligros que nos acechan y nos pide que oremos para la salvación del mundo como lo hizo en Fátima, otras veces nos señala el lugar donde desea que se levante un santuario para la propagación de la fe; pero siempre nos deja con su presencia la esperanza y la certeza en la salvación prometida por Jesús.

En Cuba La Virgen apareció 1612, bajo la advocación más hermosa, La Caridad, que no es más que el amor. En su carta de la rectoría Monseñor Agustín Román, Rector Emeritus y el Padre Oscar Castañeda, Rector del Santuario, nos guían e invitan a a celebrar con jubilo cristiano la fecha de la aparición de la imagen de la Virgen Maria en La bahía de Nipe, provincia de Oriente.

Este sitio recoge una pequeña pero importante parte de la historia religiosa del exilo cubano, desde 1959 hasta el presente, vista a través de la Fe, a través del culto y respeto que el pueblo cubano siente por su patrona y protectora; recoge además la historia de este hermoso Santuario, desde el inicio de su construcción, Santuario que fuera levantado y dedicado a Maria por un pueblo religioso y viril que salió al exilio, se lanzó a la mar y se llevó en su corazón sus costumbres, su música, su talento, pero también su Fe. Este pueblo desde esta orilla ha sabido rendir culto a La Patrona de Cuba, sin olvidar a los hermanos de allá, mirando siempre al mar con la plena confianza de que algún día podremos regresar a nuestra patria, para continuar adorando a la Santísima Virgen Maria, desde la tierra escogida por ella para que se le venere y respete bajo el titulo de La Virgen de La Caridad.


Roman

Castaneda

Monseñor Agustín Román

Monseñor Oscar Castañeda

PEREGRINOS EN MISIÓN, CON LA FUERZA DE LA CONFIRMACIÓN
NUESTRA SEÑORA DE LA CARIDAD
MENSAJE – 8 DE SEPTIEMBRE DE 2010

El pasado 8 de agosto desde El Cobre, Cuba, y a los pies de la bendita imagen de la Virgen de la Caridad, cuatro veces centenaria, comenzó la peregrinación misionera a través de toda la Isla, con la misma imagen mambisa que hubo de visitar cada parroquia en los años 1951-1952, cuando celebrábamos el cincuentenario de la República. Los que vivimos aquel recorrido nunca olvidaremos las multitudes que, movidas por el amor filial a la Madre celestial la recibían al llegar a sus poblaciones. Aquella manifestación de piedad popular, de fe y devoción a María de la Caridad, Madre de Cristo y Madre nuestra, fue el mejor censo de nuestra catolicidad según algunos expertos en sociología religiosa.

La llegada de la imagen era el comienzo de una misión por la que recibían un baño con la luz del Santo Evangelio todos los que abrían las puertas de su corazón. Aquel recorrido dio abundantes frutos espirituales de los cuales somos testigos los que en él participamos.

Nuevamente ha comenzado ahora esta peregrinación nacional y ya se sienten positivos resultados en las primeras parroquias del histórico Oriente, ahora en preparación a la celebración del cuarto centenario del hallazgo de la bendita Imagen  en la  Bahía  de  Nipe, en el Norte oriental de la Isla cuando se presentara en 1612 con el nombre de “La Caridad”, que se leía en la tablita donde reposaba. Esto nos hace esperar hoy los mismos resultados.

La carta de los Obispos de Cuba, del 15 de agosto de 2008, abría este lindo proceso que desde entonces estamos viviendo, dentro y fuera de la Isla, todos los devotos. Con tal motivo, se creó un plan pastoral en un Trienio de Años. El primer año, 2008-2009, se vivió a la luz del Evangelio de la Anunciación, y pedíamos entonces crecer en la Fe, como María frente al mensajero divino cuando respondió: “He aquí la esclava del Señor”; fe que tenemos en nuestras almas desde el día del bautismo, pero que en muchas ocasiones tenemos que despertar.

Este pasado año 2009-2010 que acabamos de vivir a la luz del Evangelio de la Visitación nos ha presentado un símbolo en las dos madres: la Virgen e Isabel, su prima. Ambas esperan el nacimiento de sus hijos: el que presentaría al Salvador, Juan Bautista, Isabel; y al esperado, Jesús, el Salvador de la humanidad caída, María.  Ambas  madres,  esperando,  nos han  invitado a   crecer  en la  Esperanza, poniendo nuestros ojos en el que nos acompaña en nuestro caminar, escondido en la Eucaristía, el mismo que ha de venir para premiarnos con el gozo del Cielo.

Este año 2010-2011, el último del Trienio que nos conducirá al Año Jubilar de la celebración del IV centenario del bendito hallazgo, el programa nos iluminará con el Evangelio de la Boda en Caná (Jn 2, 1-11). Al hacerlo se nos presenta el primer signo de Cristo cambiando el agua en vino a petición de su Madre, a quien acompañaban los Apóstoles. Cristo muestra su poder divino y María su caridad al preocuparse por la necesidad que se presentaba a la familia de la casa. Fue el amor el que los movió a responder en aquella difícil ocasión – y debe ser la Caridad, llamada amor y en el que nos proponemos crecer en este año, la que nos mueva lanzándonos a la misión como discípulos que ya somos.

En un mundo tan lleno de violencia y con nuestro pueblo cubano tan dañado por el odio del marxismo, tenemos que esforzarnos por crecer y hacer crecer la Caridad, que es el amor auténtico, y examinarnos ante la carta de San Pablo a los Corintios: “La caridad es paciente, es servicial; no es envidiosa, no hace alarde, no se envanece, no procede con bajeza, no busca su propio interés, no se irrita, no tiene en cuenta el mal recibido, no se alegra de la injusticia, sino que se regocija con la verdad. El amor todo lo espera, todo lo soporta” (I Cor 13, 4-7).

Como bautizados y confirmados, unidos a Cristo y convertidos en discípulos y misioneros, debe ser la Caridad nuestra distinción. Debemos distinguirnos por el amor a Dios, nuestro Padre, y al prójimo, nuestros hermanos. En la tablita en que reposaba la imagen de la Virgen flotando en las aguas de la Bahía de Nipe, pudieron leer aquellos  tres campesinos esta corta frase: "Yo soy la Virgen de la Caridad";Podemos dudar que María Santísima se nos presentaba invitándonos a que nosotros nos identificáramos con su advocación? El mensaje es corto, pero claro.

Todo esto será posible en nosotros y en los que nos rodean si hacemos realidad nuestro lema: "A Jesús por María, la Caridad  nos une”. 

Que nuestra  devoción a la Virgen nos lleve a Jesús, nuestro Salvador, y que como ella meditemos sus palabras en el Evangelio y tratemos de hacerlas vida en nosotros: “Haced lo que El les diga”. Al acercarnos a este último año del Trienio preparatorio al Año Jubilar, tendríamos que reconocer la labor de la Archicofradía de la Virgen de la Caridad y de todos los Movimientos Apostólicos en el esfuerzo misionero con las familias y las parroquias durante estos dos últimos años aquí en nuestra Arquidiócesis de Miami. El primer año se comenzó con el llamado a la Noche Familiar que, aunque no pocos han comenzado a practicarla, queda la gran mayoría sin conocerla, esperando que alguien los invite y les comunique este secreto de felicidad familiar que crea la unidad en la misma.

El segundo año lo hemos extendido más a la visita de la imagen peregrina a las parroquias, en la Misión de la Caridad, el domingo anterior a la llegada de la imagen, visitando las familias en el sector señalado por el párroco. Los laicos misioneros que visitan las familias han encontrado una positiva respuesta en un pueblo hambriento de Dios, que lo encuentra en su bendita Madre. Este año 2010-2011 debemos, como la Virgen, convertirnos en misioneros peregrinos, compartiendo el Evangelio directa o indirectamente con todos los que encontramos. No temamos, al recibir el Sacramento de la Confirmación se nos ha capacitado para ser misioneros.

El Sacramento de la Confirmación que un día recibimos  nos concedió una fuerza especial del  Espíritu  Santo para  defender  y difundir la fe mediante la palabra y las obras como lo han hecho los Santos, verdaderos testigos de Cristo. Así podremos, en nuestra peregrinación misionera de este Trienio, donde quiera que estemos y unidos a la Virgen, evangelizar en la familia y en la parroquia sin sentir jamás miedo ni vergüenza de la Cruz.

Aquí, en el Santuario de la Virgen, les recordamos a todos cada día orando porque, como ella, nos haga peregrinos en esta misión, confiando en la fuerza que recibimos del Señor en nuestra Confirmación.
Mons. Agustín A. Román Rector Emérito.
Mons. Oscar Castañeda Rector del Santuario.

 

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