"Padre Félix Varela y Morales"
Palabras de el Santo Padre Juan Pablo II con motivo de su visita a Cuba
"Hijo preclaro de esta tierra es el Padre Félix Varela y Morales, considerado por muchos como piedra fundacional de la nacionalidad cubana. El mismo es, en su persona, la mejor síntesis que podemos encontrar entre fe cristiana y cultura cubana. Sacerdote habanero ejemplar y patriota indiscutible, fue un pensador insigne que renovó en la Cuba del siglo XIX los métodos pedagógicos y los contenidos de la enseñanza filosófica, jurídica, científica y teológica. Maestro de generaciones de cubanos, enseñó que para asumir responsablemente la existencia lo primero que se debe aprender es el difícil arte de pensar correctamente y con cabeza propia"
Biografía del Padre Félix Varela por Dagoberto Valdes Hernandez.
Dagoberto Valdés Hernández
(Pinar del Río, 1955)
Ingeniero Agrónomo. Director del Centro de Formación Cívico
y Religiosa y Presidente de la Comisión Católica para la Cultura
en Pinar del Río. Miembro del Secretariado Ejecutivo Nacional de la Unión
Católica de Prensa en Cuba. Miembro del Pontificio Consejo Justicia y
Paz, del Vaticano. Labora como Técnico de Yaguas.
I. NACIMIENTO E INFANCIA
El Padre Félix Varela y Morales nació el 20 de Noviembre de 1788
en la casa de sus padres en la calle Obispo, entre Villegas y Aguacate en la
Ciudad de la Habana.
Sus padres fueron Don Francisco Varela, español, teniente de infantería
quien se casó con Doña Josefa Morales, santiaguera y ama de casa.
El niño fue bautizado a la semana de nacido, el 27 de Noviembre, en la
Iglesia del Santo Ángel, en la que sería bautizado Martí
años después. El sacerdote que lo bautizó se llamaba Fray
Miguel Hernández, dominico, y sus padrinos fueron su abuelo Don Bartolomé
Morales, coronel del ejército, y Doña Rita Josefa Morales, quienes
pusieron al niño el largo nombre de FÉLIX FRANCISCO JOSÉ
MARÍA DE LA CONCEPCIÓN VARELA Y MORALES.
Félix era el tercer hijo y sus dos hermanas se llamaban María
de Jesús y Cristina.
A la temprana edad de tres años muere la madre de Varela y el niño
huérfano, con sus dos hermanas, queda al cuidado de su abuelo Don Bartolomé,
quien pronto fue trasladado por sus trabajos como militar a San Agustín
de la Florida, a donde se lleva a Félix, que apenas sabía hablar.
Allí, en el seno de este hogar cristiano, recibió Varela una fuerte
y esmerada educación basada en la disciplina, la caballerosidad, el cultivo
de la virtud y la piedad cristiana.
Inicia sus estudios primarios con el Padre O´Reilly, que le enseña
latín, gramática y violín.
II. ADOLESCENTE. SU VOCACIÓN
Cuando llegó el momento de empezar sus estudios secundarios, Félix
regresa a La Habana. Su padre había muerto y el abuelo soñaba
con hacer de él un valiente y honrado militar, según la tradición
familiar.
El 1801, a los trece años, Varela, adolescente cristiano, recibe el sacramento
de la Confirmación de manos del Obispo de La Habana, dando nueva plenitud
a la fuerza del Espíritu Santo recibida en el Bautismo para ser testigo
valiente y perseverante de la fe en Jesucristo delante de todos los hombres,
a pesar de las dificultades. Esta gracia haría fructificar a lo largo
de su vida los talentos sembrados como semillas en el seno de la familia. Varela
es un adolescente alegre y travieso como todos, le gusta la naturaleza y los
amigos. Muchas veces pasa largos ratos después del estudio conversando
con ellos en el río. La fe le ayuda a tener muchos amigos y a compartirlo
todo sin egoísmos. La fe le ayuda también a tomar importantes
decisiones: Cuando tenía 14 años su abuelo le propuso empezar
la carrera de cadete en una escuela militar. Entonces Varela, pensándolo
bien le contesta:
"YO QUIERO SER UN SOLDADO DE JESUCRISTO. MI DESIGNIO NO ES MATAR HOMBRES
SINO SALVAR ALMAS".
No es extraño que un adolescente que vive con alegría su fe y
la comparta con los demás decida ser sacerdote.
III. JOVEN: SACERDOTE Y MAESTRO
Félix Varela comienza sus estudios para sacerdote en el Seminario "San
Carlos" de La Habana, donde transcurrió su juventud en un sano y
feliz ambiente estudiantil. Su empeño en los estudios, su disciplina
ejemplar, la ayuda que prestaba a sus compañeros seminaristas, su oración
y entusiasmo, llamaron enseguida la atención en sus profesores entre
los que estaba el P. Caballero, a quien Martí llamó "Padre
de los pobres y de nuestra filosofía" por su ayuda a los necesitados
y por su obra renovadora en la asignatura que enseñaba. Uno de los compañeros
de aula dice de Félix: "Su carácter moral era sin mancha,
su piedad ferviente y su devoción sincera y sostenida".
Varela estudia, a la vez, en la Universidad de La Habana, y es tan decidido
y audaz su empeño que a los 19 años comienza a heredar las cátedras
de sus propios profesores.
"Su vocación está definida: Su fe lo orienta al sacerdocio
y su ansia de enseñar al magisterio".
A los 23 años pide al Obispo Espada, que será un gran padre para
Varela, que lo ordene sacerdote. El Obispo acepta y el 21 de diciembre de 1811
recibe la ordenación Sacerdotal en la Catedral de La Habana. Celebra
su primera misa en el Convento de Sta Teresa en esa Ciudad, donde una de sus
tías había profesado como monja carmelita. Entre los asistentes
estaba Don Bartolomé, su abuelo, de quien Varela recibió su formación
y quien había recibido el primer testimonio de su vocación.
IV. CIENCIA Y CONCIENCIA. SER MAESTRO
Con 24 años de edad el Padre Varela es nombrado por el Obispo Espada
profesor de Filosofía, Física y Ética en el Seminario.
Allí prepara el primer laboratorio de Física y Química
que tiene el país: cajas galvánicas, tubos de ensayo, máquinas
neumáticas, sistema planetario móvil y otros instrumentos para
la enseñanza de las ciencias mediante la experimentación. El P.
Varela enseña con los métodos pedagógicos más adelantados.
Da mucha importancia a que sus alumnos aprendan a razonar con sus propias cabezas;
lo importante es que aprendan a pensar y a decidir por sí mismos. Por
eso decimos que: "Mientras se piense en Cuba, se pensará con respeto
y veneración en el primero que nos enseñó a pensar".
Ese fue el P. Félix Varela. Así lo señaló uno de
sus alumnos, José de la Luz y Caballero. Pero muchas veces los hombres
se dejan arrastrar por los adelantos de la ciencia y se olvidan de que estos
deben ser usados para el bien de la humanidad y no para destruirla. Estos hombres
tienen ciencia pero no conciencia. Este fue el gran aporte del P. Varela a la
educación en Cuba: unir ciencia y conciencia. Por eso se ha dicho que
"la reflexión fue su trinchera".
V. SUS ALUMNOS: SUS FRUTOS
El P. Varela formó en las aulas del Seminario San Carlos a los mejores
hombres de su época. Los frutos de su labor como maestro se muestran
en aquellos patriotas como: José A. Saco, Domingo del Monte, literato
y protector de escritores y artistas, José de la Luz y Caballero, aquel
gran maestro que dijo que enseñar puede cualquiera pero educar sólo
el que sea un Evangelio vivo.
Heredero de las enseñanzas de estos hombres y a su vez alumno del Seminario
fue también Rafael María de Mendive, el maestro de Martí.
Varela abrió, el primero, el camino de la educación para todos
cuando dijo:
"La necesidad de instruir a un pueblo es como la de darle de comer, que
no admite demora..." . "Quién puede negar que es más
ilustrado un pueblo en que todos saben leer y escribir".
VI. LA CÁTEDRA DE LA LIBERTAD Y DE LOS DERECHOS HUMANOS
En el tiempo en que el Padre Varela fue profesor en el Seminario realizó
otras actividades para el fomento de la cultura de nuestro país: fundó
la primera Sociedad Filarmónica de La Habana, ingresó y trabajó
en la Sociedad Patriótica de Amigos del País, escribe obras de
teatro que se presentan en escenarios habaneros y escribe libros de textos para
estudiantes de Filosofía.
A los 32 años, el 18 de Enero de 1821, el Padre Varela inaugura en el
Seminario de San Carlos, la primera Cátedra de Derecho de América
Latina. Los jóvenes de La Habana se apiñan en las puertas y ventanas
donde Varela imparte las clases. Allí se enseña por primera vez
en estas tierras la legalidad, la responsabilidad civil y el freno del poder
absoluto. Allí se cultiva la semilla de liberación y dignidad
humana que el P. Las Casas había sembrado siglos atrás. El mismo
Varela llama a estas clases "la Cátedra de la Libertad y de los
Derechos Humanos, la fuente de las Virtudes Cívicas y la base del gran
edificio de nuestra felicidad".
VII. REPRESENTANTE DEL PUEBLO DE CUBA: DIPUTADO
El sacerdote Félix Varela es elegido Diputado ante las Cortes españolas,
representando a Cuba ante el Parlamento donde se confeccionaban las Leyes a
partir de la Constitución. Con 34 años el P. Varela embarca con
dos cubanos más para España. Despidiéndose de su país,
al que jamás volvería, con estas palabras:
"Un hijo de la libertad, un alma americana, desconoce el miedo. Mis conciudadanos,
haciéndome el mayor de los honores, me habéis impuesto la más
grave de las obligaciones. Yo no seré feliz si no la desempeño...".
Cuentan que en la travesía, sobre la cubierta del barco, el P. Varela
tocaba magistralmente el violín formando un dúo con otro que tocaba
la flauta. Le llamaban "El Padre", y fue el centro de la vida a bordo.
Llega a España y comienza su labor parlamentaria, organizando un grupo
con los representantes de Puerto Rico, Cuba y Filipinas para defender los derechos
comunes.
Apoya, además, el derecho de los militares a casarse antes o en pleno
servicio y vota por el respeto a la autoridad del Papa.
Varela forma parte de varias delegaciones para presentar al Rey asuntos importantes
y es nombrado miembro de la Comisión Parlamentaria para la Instrucción
Pública, forma también por su iniciativa una Comisión para
el estudio de los problemas de las provincias de ultramar.
VIII. CONTRA LA ESCLAVITUD, POR LA LIBERTAD DE AMÉRICA
Tres fueron las principales causas que Varela defendió en las Cortes:
La primera: Contra la esclavitud.
El mismo P. Varela redacta el proyecto de Ley para la abolición de la
esclavitud y en él proclama sus principios sociales de honda raíz
cristiana.
"DESENGAÑÉMONOS: Constitución, Libertad, Igualdad,
son sinónimos y a estos términos repugnan los de esclavitud y
desigualdad de derechos".
La segunda: el reconocimiento a la independencia de varias naciones de América
ya liberadas.
Sobre esto el P. Varela escribió después:
"Los hombres de América nacen con el amor a la independencia...
han tenido sus desavenencias sobre el modo de ser libres, pero en un momento
de descuido, abren el pecho y se lee: INDEPENDENCIA".
El tercero: La ley sobre el Gobierno Autónomo de las Islas de Ultramar.
Este proyecto de 189 artículos en forma de constitución fue escrito
por el mismo Varela, que intentaba formar como una comunidad de países
hispanos. Él decía: "Las Leyes se humedecen, debilitan y
aún se borran atravesando el océano y a ellas las sustituye la
voluntad del hombre".
IX. VARELA: EL PRIMER LUCHADOR POR NUESTRA INDEPENDENCIA
Sólo un año está el P. Varela representando a Cuba en el
Parlamento español. Los franceses invaden España, el Rey se entrega
y el P. Varela vota en contra de un Rey vendido al poder extranjero y por ello
es condenado a la pena de muerte junto a otros diputados que mantuvieron la
misma actitud digna.
Convencido de que el camino de la libertad no estaba en aquellas reformas ni
en la autonomía, el P. Varela sale de España con el firme e inconmovible
propósito de luchar por la liberación de Cuba en el único
camino cierto: La independencia.
Se exilia en los Estados Unidos y desde allí comienza su labor separatista.
Se reúne con antiguos alumnos del Seminario y acepta presidir un movimiento
independentista.
Comienza a los 35 años un nuevo camino de liberación: primero
fue liberar las mentes en las aulas, después fue probar la liberación
por las leyes, y ahora comprende que aquellos sólo eran pasos para avanzar
hacia una liberación más profunda e integral. Comienza a escribir
el primer periódico independentista cubano, llamado "El Habanero".
En él escribe aquella frase que hoy mantiene su vigencia para cualquier
país en los mares del mundo:
"Desearía ver a Cuba tan isla en lo político como lo es en
la naturaleza".
"Cuba no debe esperar ya nada de España... ni de nadie, debe liberarse
por sí sola...".
X. "EL QUE SE METE A REDENTOR..."
Siguiendo las huellas de Jesús, el P. Félix Varela se entrega
hasta el heroísmo al servicio de la liberación de los hombres:
- Lucha por la libertad de Cuba.
- Lucha por la liberación de los pobres allí donde estaban. Poco
a poco el mismo Varela se va despojando de toda atadura material y hace donación
total de su propia vida al servicio de la Iglesia y de Cuba. En esta lucha redentora
sufre el camino de la Cruz, propio de los seguidores de Jesús:
- Condenado a muerte y perseguido por causa de la justicia.
- Exiliado sin regresar jamás a la Patria.
- Desde La Habana mandan a un conocido asesino para que cumpliese una misión:
coser a puñaladas al P. Varela. El "Tuerto Morejón",
Mayor de la Policía, es el encargado de cumplirla. Pero los católicos
de las comunidades del P. Varela lo protegen y éste al enterarse expresa:
"Se equivocan medio a medio... Yo estoy perfectamente curado del mal de
espanto. Miserables:
¿Creen poder destruir la verdad asesinando al que la dice...?"
Y Varela continúa entregado a sus empeños por Cuba, por los pobres,
por la justicia y la verdad. En su corazón seguro resonarían aquellas
palabras del Maestro: "Bienaventurados los perseguidos por causa de la
justicia porque de ellos es el reino de los cielos". (Mateo 5.10).
XI. EL SACERDOTE: SERVIDOR DE LA COMUNIDAD
El profundo amor del P. Varela por la Iglesia se expresa en el celo apostólico
y en la constante labor evangelizadora al servicio de la comunidad que le fue
encomendada: en Nueva York, el Obispo compra un edificio con ayuda de sus amigos
para fundar una parroquia llamada Iglesia del Cristo, allí Varela atiende
las necesidades de sus fieles: confesiones, misas, dirección espiritual,
visita a enfermos, ayuda material a viudas y huérfanos...
Un día el P. Varela va a un hospital para asistir a un enfermo y allí
un hombre al ver las intenciones del sacerdote comienza a dar golpes contra
la estufa, haciendo un ruido irrespetuoso que no permitía a Varela administrar
los sacramentos. El hombre no quiere salir del cuarto, discute y el P. Varela
habla con él hasta que el hombre sale. Después de administrados
los sacramentos le recomiendan que hable con el Director pero Varela no lo cree
oportuno en el momento y se va. Más tarde otro sacerdote lo convence
y va a hablar con el Director, Varela dice: "Nos trazaron con mucha política
y consideración. Oída la queja, se solidarizaron, averiguaron
quién era el hombre y le llamaron la atención".
En otra ocasión el P. Varela da una carta de conducta a una mujer para
sacar a sus hijos de una casa de pobres. Al presentarla oyó estas palabras
del Director: "¿Cree que voy hacer caso a la firma de un cura católico?"
– y riéndose con burla terminó: "Miraría con
más consideración la de un cargador de basura"
El servicio como pastor de aquel pueblo no fue fácil para el P. Varela,
que en el sacrificio sereno y la entrega generosa y dialogante de cada día
fue gastándose calladamente por el crecimiento material y espiritual
de sus fieles.
XII. SACERDOTE: OPCIÓN POR LOS POBRES
Años más tardes el P. Varela compra otra Iglesia llamada de la
Transfiguración en N. York. En ella es párroco y despliega una
incansable labor al servicio de los más pobres. De dos formas sirve el
P. Varela a los pobres:
-Con la caridad material ayuda a los necesitados de alimentos, dinero, salud,
vestidos y vivienda...
-Con la promoción de la verdad, que es otra forma de caridad, atiende
a los pobres de espíritu, a los que tienen cosas materiales pero les
falta: educación, moral, motivaciones para la vida, fe...
Pero el P. Varela no hace tales distinciones; sabe que es al hombre entero al
que hay que ayudar y sabe que el pobre acoge sólo la ayuda que es fraterna
y franca; por eso en todas sus obras pone en práctica su lema preferido
y reiterado en muchos momentos:
"CON CARIDAD Y BUENA LÓGICA".
El P. Varela fue reconocido por todos como un verdadero apóstol de la
caridad. Algunas de sus obras fueron:
-Funda escuelas parroquiales para niños y niñas en "El Cristo"
y en la "Transfiguración".
-Funda un círculo infantil a tiempo completo y uno seminterno.
-Crea en cada parroquia una biblioteca circulante, un catecismo diario de 6
a 8 de la noche, una asociación de mujeres costureras para vestir al
necesitado y dar trabajo al que no lo tenía.
-Funda la asociación católica contra el alcoholismo y organiza
la Cofradía Mariana del Rosario.
XIII. SACERDOTE: HOMBRE DE DIOS. HOMBRE DE IGLESIA. HOMBRE PARA LOS DEMÁS
Hombre de Dios: Su vida, que externa e internamente conoció los más
diversos caminos, las más difíciles opciones, muchas y dolorosas
contradicciones, tuvo siempre un rumbo, una motivación capaz de integrar,
de unir lo más diverso y arriesgado, esa inspiración fue la fe
en Jesucristo. Que se traduce en: su virtud, su piedad, su espíritu indomable
ante la injusticia y sacrificado al servicio del prójimo, su contemplación
en medio de la actividad. Su amor concreto que se traduce no sólo en
la caridad personal, sino que, siendo profeta en su tiempo, abre su corazón
a la caridad social, a la lucha por sacar de raíz la causa de la pobreza
y la ignorancia. Escribe varias veces la síntesis de su propia vida:
"Buscar la Gloria de Dios es todo, santificando todas nuestras acciones,
tendidos hacia el amor al prójimo".
Hay quien ha completado esta descripción de la espiritualidad del P.
Varela diciendo que: Recibió del P. Caballero la humildad y el tacto
pastoral; de San Vicente de Paúl, en quien veía "El mejor
ciudadano de Francia", la caridad apremiante y concreta; de Sta Teresa
de Jesús, su incansable espíritu reformador y fundacional; en
los Padres de la Iglesia admiraba en Tertuliano y San Ambrosio: la virtud de
la fuerza espiritual y en San Juan Crisóstomo: el don de predicación
unido a la humildad.
XIV. HOMBRE DE IGLESIA
Desde que el P. Varela decide a los 14 años ser seguidor de Jesucristo,
toda su vida se desarrolla en comunión estrecha con la Iglesia, reconociendo
siempre en ella el signo y el sacramento de la salvación de Cristo. Por
eso dice de la Iglesia:
"La Iglesia es el conjunto de los creyentes bautizados, que guiados por
la luz de la fe, unidos con el vínculo de la caridad, animados por la
consoladora y bien fundada esperanza y nutridos por los Santos Sacramentos,
corren por la senda de la virtud y de la paz hacia el centro de la felicidad,
bajo el eterno Pastor que es Cristo y su Vicario que es el Papa". Este
profundo sentido eclesial no es abstracto ni teórico, se hace realidad
en la persona de su Obispo Espada, más tarde en el Obispo de N. York,
Mons. Dubois, de quien llegó a ser Vicario general y posible candidato
a sucederle en el Obispado, pero por falsas informaciones del poder político
español que escribió a Roma oponiéndose a un posible nombramiento
de Varela como Obispo, este no llegó al Episcopado. En los últimos
tiempos esta comunión eclesial se estrechó con el Arzobispo Hughes
quien aceptó la renuncia del P. Varela por motivos de salud, a la Parroquia
de la Transfiguración, pero quiso que retuviera el título de Párroco
y Vicario General hasta su muerte.
Su sentido eclesial se refiere también al servicio completo a la comunidad
que se le ha encargado o a la misión que se le ha designado:
Sirve y ama a la Iglesia tanto como profesor del Seminario como Diputado a Corte;
tanto como periodista y promotor de la verdad sobre Jesucristo, sobre el hombre
y sobre la Iglesia como Párroco y fundador de Parroquias; tanto como
Director espiritual, como luchador contra el alcoholismo; tanto cuando es nombrado
"Doctor en Teología" por el Colegio de Santa María de
Baltimore, o teólogo experto en dos Concilios Regionales de los EEUU,
como cuando vive en los hospitales o en los barcos en cuarentena durante la
epidemia de cólera en 1832 o cuando organiza las misiones parroquiales
en el Octavario del Corpus Christi cada año.
Por eso el P. Varela describe su amor a la vida sacerdotal diciendo:
"El amor a mi estado es un amor nutrido por 33 años en los cuales
no ha habido un solo momento en que me haya pesado ser eclesiástico y
muchos en que me he gloriado en serlo".
El P. Varela es un hombre de Iglesia, tanto escribiendo libros de texto de Filosofía
para los alumnos del Seminario San Carlos, como cuando escribe su "Catecismo
sobre la Doctrina Cristiana" en los EE.UU.
Es el hombre de Iglesia tanto cuando compra, con su dinero y la ayuda de los
habaneros, iglesias en E.E.U.U. como cuando tiene que celebrar en casas particulares
durante un año por no tener templo en su Parroquia.
Es el indivisible hombre de Iglesia cuando escribe "Temas Bíblicos"
en hojas sueltas para repartir por suscripción, como cuando denuncia
que la situación de la religión católica en aquella época,
en aquel país, es de "Discriminación de hecho y libertad
de derecho".
Es el hombre de Iglesia precisamente porque ha logrado ser integralmente, sin
rupturas ni divisiones, El hombre de Dios y el hombre para los demás.
XV. EL HOMBRE PARA LOS DEMÁS
El P. Félix Varela no sólo nos enseñó a pensar sino
que nos enseño a vivir una nueva forma de vida, tan antigua como el Evangelio,
tan nueva como los hombres de cada tiempo. Él nos enseñó
lo alienante que es la Fe cuando no promueve la vida y lo sofocante que es la
vida cuando no la alienta la Fe. Él nos enseño que la Fe que pueda
haber en el corazón de un hombre debe llevarle al servicio generoso y
desinteresado de su pueblo, debe conducirlo al desarrollo integral de la Patria
en las circunstancias históricas concretas en que se encuentre; debe
empujarlo en fin a VIVIR PARA LOS DEMÁS.
El P. Varela logra hacer esto una realidad cuando, no teniendo ya nada más
que dar comienza a repartir aquellos pequeños detalles que no resuelven
de raíz una situación pero que expresan el deseo de quien lo realiza
de que esa situación cambie radicalmente. Es entonces cuando algunos
gestos sencillos de Varela cobran, para quienes lo conocen, la condición
de signos: regala los cubiertos de plata a una mujer pobre; cubre con su capa
de invierno a una mujer y a su hijo que van muertos de frío por las calles;
tienen que decirle que el reloj que le regalan es prestado para que lo use y
no lo entregue a los pobres. Varela, vive así, personal y concretamente
para los demás.
Vive para los demás cuando ayuda al crecimiento social traduciendo y
publicando un Tratado de Química aplicada a la Agricultura de 286 páginas
con grabados; cuando reedita sus "Misceláneas Filosóficas"
donde trata sobre la Patria, el patriotismo verdadero o sobre el estudio estético
basado en la contemplación de la naturaleza, siendo el primero de los
cubanos que aborda esa especialidad. Es un hombre para los demás cuando
traduce y publica las Poesías de Manuel Zequeira, poeta cubano, y cuando
escribe sobre las "Maderas Cubanas", "La educación de
la mujer" o la "Gramática castellana" en revistas y periódicos.
Vive para los demás cuando traduce y comenta el "Manual de Prácticas
Parlamentarias" de Thomás Jefferson o el "Ensayo sobre el origen
de nuestras ideas sobre la doctrina de Kant", tanto como cuando escribe
sus sencillos y criollísimos: "Apuntes sobre la distribución
del tiempo". Vive para los demás cuando escribe: "Máximas
para el trato humano", o sus "Consejos para prácticas religiosas:
cómo rezar bien", o su "Entretenimientos religiosos en la Noche
Buena" y las "Advertencias para los católicos que vienen a
los Estados Unidos".
XVI. HOMBRE FUERTE: HOMBRE DE DIÁLOGO
- Diálogo dentro de la Iglesia: La Iglesia de la Transfiguración
se convirtió con el P. Varela en un centro de espiritualidad. En un lugar
de diálogo y encuentro: vivían y trabajaban en ella, junto a Varela,
otro cubano, un austríaco, un norteamericano, un italiano, un portugués,
un irlandés y un polaco. Solo la apertura de mente y la voluntad de diálogo
excepcionales del P. Félix Varela pudo lograr y conservar durante años
esta enriquecedora atmósfera internacional, verdadero ejemplo de diálogo
dentro de la Iglesia. Tal como lo fue el ministerio de Párroco de Varela:
nunca imponía su voluntad ni dictaba reglas, ni reprendía, sólo
advertía. Otra prueba de su actitud dialogante fue que siendo el editor
de un periódico católico daba espacio para que escribiera en él
a otro sacerdote que tenía un estilo y un método totalmente distinto
al de Varela.
- Diálogo con otras confesiones cristianas: en un clima de mutuas incomprensiones
y ataques entre las diferentes denominaciones cristianas. Varela defiende la
fe católica, pero con un estilo abierto y franco, lejos de lo que se
acostumbraba en aquel entonces. No es que el P. Varela pudiera en su época
hacer lo de hoy pero sus actitudes fueron muy abiertas: él mismo dice,
refiriéndose a los que participaban en un debate público sobre
estos temas: "¿Por qué no habláis con nosotros firme
y francamente?" Y acostumbraba a decir para debatir un punto en contradicción,
respetando las opiniones contrarias: "Y dado el caso que así fuera...¿no
le parece que así es mejor?"
- Diálogo en la sociedad: la obra que culmina la herencia espiritual
y moral del P. Varela son sus «Cartas a Elpidio sobre la Impiedad, la
Superstición y el Fanatismo en sus relaciones con la sociedad».
En ellas entabla un diálogo con la comunidad civil y da su aporte ético
a los problemas sociales.
Un principio de su actitud dialogante es el que dice: «En esta materia,
como en todas las morales y políticas, el primer paso debe ser ponernos
enteramente en el lugar de las personas y pensar como la razón dicta,
qué ellos sentirían y pensarían en tales o cuales circunstancias.»
En cuanto al debate político expresa: «Yo desearía, mi Elpidio,
que antes de proceder en materias políticas, lo mismo que en las morales,
no se formasen cálculos sobre el papel, ni se copiasen arengas ridículas
de obras ideales, sino que se hiciesen observaciones prácticas...»
En cuanto al aporte del Evangelio a la sociedad escribe en 1835 a Elpidio: «Este
libro que el autor tiene la modestia de dirigir a la juventud de su patria va
encaminado a cuantos blasonan de pensadores y patriotas... en él se demuestra
matemáticamente, o mejor dicho, en él se hace sentir de extremo
a extremo, la indispensable necesidad de los vínculos interiores para
conseguir la felicidad eterna y aún la temporal; en él reluce
la sublimidad del Evangelio, eclipsando con su divino resplandor a cuantos sistemas
de moral inventó la humana sabiduría: en él se trata de
formar hombres de conciencia, en lugar de farsantes de sociedad, hombres que
no sean soberbios con los débiles, ni débiles con los poderosos.
En él hallará el político abundante materia para sus graves
meditaciones; el padre de familia los más saludables consejos para el
gobierno de sus hijos; el director de la juventud los más preciosos documentos
para no malograr el fruto de sus faenas; el ministro del altar los más
oportunos avisos para conseguir el fin que la religión sana se propone.
Los impostores y los déspotas llevan grandes desengaños en este
libro: en vano se esforzarán estos perversos en profanar el sagrado asilo
de la Iglesia para sostener sus siniestras miras: ellos serán echados
del templo como los hipócritas y fariseos... aquí se trata de
hacernos a todos... cristianos consecuentes y no cristianos contradictorios.»
XVII. EL P. VARELA: PROMOTOR DE LA JUVENTUD
Formó a la juventud cubana para la vida y la libertad.
Desde las aulas del Seminario y en sus «Cartas a Elpidio» muestra
su confianza a los jóvenes, de ellos dice:
«Siempre he procurado tratarlos como si fueran lo que ellos quieren ser,
esto es, hombres ya formados; y ya que se han atrevido a asomarse, por así
decirlo, a la puerta del santuario del saber, yo he procurado empellarlos a
que acaben de entrar. Entonces tratándoles ya como hombres de experiencia,
he procurado comunicarles la mía... y de este modo he solido convertirlos
en mis colaboradores...»
A los jóvenes les dejó un encargo:
«Sabes también que la juventud a quien consagré en otro
tiempo mis desvelos, me conserva en su memoria y dícenme que la naciente
no oye con indiferencia mi nombre. Te encargo, pues, que seas el órgano
de mis sentimientos y que procures de todos modos separarla del escollo de la
irreligiosidad... diles que ellos son la dulce esperanza de la Patria y que
NO HAY PATRIA SIN VIRTUD, NI VIRTUD CON IMPIEDAD».
Un educador de nuestros días, el Dr. Manuel Bisbé ha dicho:
«Si de veras queremos ser fieles a la memoria de Varela, si queremos honrarlo
con ese homenaje que va más allá de las palabras, popularicemos
a Varela, pongamos en particular a la juventud en contacto con sus enseñanzas
y hagamos de su ideario una reserva espiritual de nuestro pueblo, una fuerza
capaz de redimirlo y orientarlo».
XVIII. LOS AMÓ HASTA EL EXTREMO: ENFERMEDAD, POBREZA Y SOLEDAD
En 1850, a los 62 años de edad, gastado y enfermo, sufriendo mucho por
el asma y el frío clima de N. York, Varela pide al Arzobispo que lo libere
de su cargo pastoral para viajar al sur, a San Agustín de la Florida,
donde el clima era más parecido al de Cuba, donde había pasado
años de su infancia feliz. Allí lo recogió, pues no tenía
ningún recurso, un sacerdote francés, el P. Aubril.
Solo y enfermo, el P. Varela es visitado en la Navidad de 1852 por uno de sus
alumnos de La Habana quien al ver el estado de pobreza y abandono de su ilustre
maestro, escribe:
"... hallé un cuarto pequeño, de madera, del tamaño
igual o algo mayor que la celda de los colegiales".
"En esa celda no había más que una mesa con mantel, una chimenea,
dos sillas de madera y un sofá ordinario, con asiento de colchón".
"No vi camas, ni libros, ni mapas, ni avíos de escribir, ni nada
más que lo dicho. Sólo había en las paredes dos cuadros
de santos y una mala campanilla sobre la tabla de la chimenea. Sobre el sofá
estaba acostado un hombre viejo, flaco, venerable, de mirada mística
y anunciadora de ciencia. Ese hombre era el P. Varela".
"Le dije quien era yo y le pedí a besar la mano... me preguntó
por casi todos los colegiales y catedráticos de su tiempo. Me causó
admiración que al cabo de 31 años pudiera conservar ideas tan
frescas aún de las cosas más insignificantes".
"Cuando entré en su cuarto se hallaba el Padre extendido sobre el
sofá manteniéndose con cierta inclinación por medio de
almohadones. Dijo que así tenía que estar constantemente, que
tenía 3 ó 4 enfermedades; que no podía leer ni escribir,
no sólo por razón de sus males, sino porque tampoco veía
las letras, que vivía en aquel cuarto porque se lo había destinado
el Padre Aubril, sin cuya bondad habría ya perecido".
"Cuando hablaba del colegio y de sus amigos y discípulos mostraba
tal animación que no parecía estar enfermo. Al pintarme su estado,
había tanta conformidad en su fisonomía, palabras y ademanes que
cualquiera lo habría creído un hombre muy dichoso".
"Usted no pude figurarse las impresiones que yo experimentaba viendo y
oyendo a nuestro maestro, ni las alusiones que hacía en mi interior al
mundo de los libros y al mundo de los hombres. No me parecía posible
que un individuo de tanto saber y de tantas virtudes estuviera reducido a vivir
en país extranjero y a ser alimentado por un hombre que también
es de otra tierra...".
"El alma se parte al ver un santo perecer sin amparo".
"Varela conserva sus cabellos, su dentadura y no ha perdido sus modales
y movimientos cubanos... "Todo el mundo lo celebra y lo ama; pero nadie,
más que el Padre Aubril, le tiende la mano amiga. Cuán incomprensible
es este montón de tierra llamado mundo".
"Pobre sacerdote. Su vida es padecer y vegetar. Sus palabras son de paz,
de amor, de religión; si se imprimieran ensancharían el campo
de la ciencia y la moral. Su cabeza nada ha perdido; pero su talento gigante,
sólo serviría para hacerle más horrible su situación
si no fueran más gigantes su religión y sus virtudes".
Este conmovedor testimonio de un alumno del P. Varela, solo unos meses antes
de su muerte bastan para apreciar "el extremo" al que llegó
el que desde su lecho de muerte seguía siendo el fundador de nuestra
nacionalidad.
Él mismo lo había predicho 17 años antes cuando en una
de sus "Cartas a Elpidio" vislumbraba su final, y desde entonces hace
una promesa:
"Aún me hallo en mis 48 años de mi edad y más fuerte
que a los 20. Sin embargo fórmase ya en el horizonte de mi vida la infausta
nube de la ancianidad y allá a lo lejos se divisan los lúgubres
confines del impero de la muerte. La naturaleza, en sus imprescriptibles leyes
me anuncia decadencia y el Dios de bondad me advierte que va llegando el término
del préstamo que me hizo de la vida. Yo me arrojo en los brazos de su
clemencia, sin otros méritos que los de su hijo; y guiado por la antorcha
de la Fe, camino al sepulcro, en cuyo borde espero, con la Gracia Divina, hacer
con el último suspiro, una profesión de firme creencia y un voto
fervoroso por la prosperidad de mi Patria".
Los días finales del P. Varela nos hablan de la liberación interior
que experimentó aquel hombre que había dedicado toda su vida a
luchar por la liberación integral de todos los hombres y de todo el hombre.
Él mismo logró entregarlo todo para liberarse desde adentro de
toda atadura material y espiritual: desprovisto de todo, salud, dinero, casa,
posibilidad de leer y escribir, solo, sin amigos, sin poder trabajar, sin ningún
poder, olvidado de casi todos... este es el final desconcertante del Padre de
nuestra Nacionalidad, del renovador de nuestra pedagogía, del audaz Diputado
a Cortes, del intrépido Misionero en N. York, del periodista militante
y veraz, del experto teólogo, del Vicario General de la Diócesis
de N. York, del hombre que nos enseñó a pensar... y a vivir.
XIX. NADIE TIENE MAYOR AMOR QUE EL QUE DA LA VIDA
El viernes 25 de febrero de 1853, casi a los 65 años de edad y casi un
mes después que naciera en Las Habana un niño llamado José
Julián Martí y Pérez, allá en San Agustín
de la Florida, se agravaba el P. Félix Varela.
En la mañana de aquel viernes, viendo cómo se sentía llamó
al P. Aubril y le pidió que le administrara los Santos Sacramentos. Al
darle la Comunión, mientras el Sacerdote mantenía en alto la Sagrada
Hostia, el P. Varela lo interrumpió para decir estas palabras, con las
que cumplía una promesa hecha años antes:
"Tengo que cumplir una promesa que hice hace mucho tiempo antes de ahora.
Tengo que hacer en este momento, en el momento de mi muerte, como lo he hecho
durante mi vida, una profesión solemne de mi Fe en la presencia real
de Jesucristo en la Sagrada Eucaristía –y mirando fijamente hacia
la Hostia levantada, exclamó: CREO FIRMEMENTE QUE ESTA HOSTIA QUE USTED
TIENE EN SUS MANOS ES EL CUERPO DE NUESTRO SEÑOR JESUCRISTO BAJO LA APARIENCIA
DE PAN. VEN A MI, SEÑOR".
Después de recibir el Sacramento pareció sentirse mejor, así
continuó hasta las 12 del día, en cuyo momento el médico
que lo asistía manifestó que se empeoraba.
El testimonio escrito por un Sacerdote al Señor Arzobispo de N. York
nos relata estos últimos momentos del P. Varela y también nos
dice que:
"Tan pronto se supo que estaba en peligro, una gran parte de la comunidad
se dirigió a la Iglesia para rogar por él, varias personas vinieron
a su cuarto para orar alrededor de su cama. Estas preces se sucedieron sin intermisión,
mientras permaneció con vida".
"El Padre Varela permaneció en su entero juicio hasta el último
momento y rindió su alma sin ningún esfuerzo como a las ocho y
media de la noche del 25 de febrero de 1853".
"Hizo la súplica que lo enterraran en el tramo común del
cementerio, cerca de sus parientes...» Nada ha quedado por hacer- dice
aquel sacerdote Obispo –para aliviar sus sufrimientos mientras vivió,
no para honrar sus reliquias después de muerto.
En realidad la ayuda que los cubanos habían reunido para enviar a su
maestro llegó tarde, la mensualidad que el Arzobispo mandó a entregarle
también.
La más absoluta pobreza fue el trofeo que acompañó a la
antorcha de la fe del P. Varela en los últimos momentos de su existencia.
En la tierra común, con varios árboles pequeños y una cruz,
fue enterrado hasta que meses después, el trece de abril, fueron trasladados
sus restos a una capilla erigida por los cubanos con los recursos que habían
reunido para ayudar en vida al P. Varela. Desde aquel día todos los lunes
en la tarde acudían para rogar a Dios por su alma varios fieles de San
Agustín.
XX. VARELA Y MARTÍ: EL PROFETA Y EL APÓSTOL
Que José Martí, nuestro Héroe Nacional, haya nacido el
mismo año, sólo un mes antes de la muerte del P. Varela, es una
coincidencia histórica y podemos interpretarla como un signo de la unidad
del camino de liberación de nuestro pueblo, cuyo precursor y profeta
fue el P. Félix Varela y cuyo realizador y máximo inspirador fue
José Martí, quien escribió en su periódico "PATRIA"
el 6 de agosto de 1892:
"... en la ciudad de San Agustín ... venerada hoy para el cubano,
porque allí están, en la capilla a medio caerse, los restos de
aquel PATRIOTA ENTERO, que cuando vio incompatible el gobierno de España
con el carácter y las necesidades criollas, dijo sin miedo lo que vio
y vino a morir cerca de Cuba, tan cerca de Cuba como pudo, sin alocarse o apresurarse,
ni confundir el justo respeto a un pueblo de instituciones libres con la necesidad
injustificada de agregarse al pueblo extraño y distinto que no posee
sino lo mismo que con nuestro esfuerzo y calidad probada podemos llegar a poseer:
los restos del P. Varela".
Además Martí hace suya, incluyéndolas en "Patria"
en el artículo citado", "Ante la tumba del Padre Varela",
unas palabras de un patriota en San Agustín: "Me conmovió...
al preguntarle dónde querían ir, oírles decir:
Antes que todo, a la tumba del P. Varela, y allí fuimos, bajo el sol
abrasador: la visita se la contaré con la palabra de uno de nosotros
que no sabe mucho de letras y dijo que le parecía que estaba vivo el
Padre... porque aquí estamos de guardia, velando los huesos del SANTO
CUBANO y no le hemos de deshonrar el nombre...".
XXI. ALLÍ DESCANSA. DESDE ALLÍ CONVOCA: UNIVERSIDAD
En la vigilia del aniversario de su nacimiento, el 19 de noviembre de 1911,
los restos del fundador de nuestra nacionalidad regresan a la Patria. Son honrados
en la Catedral de La Habana y son depositados, para gloria de la Iglesia y de
la nación que ayudó a forjar, en el Aula Magna de la Universidad
de La Habana.
Algunos no vieron claro entonces el por qué de aquella morada, si estaba
el Seminario, la Catedral, la Iglesia del Ángel... pero como si el profeta
volviera a adelantarse, como si viera lejos y alto el complejo horizonte de
la Patria, como si quisiera seguir para siempre siendo "puente" de
unidad, "comunión viviente" entre la fe y la cultura, entre
el Evangelio y la Nación... los restos del precursor están en
la Universidad de la Habana y desde allí convocan, inspiran y promueven
el crecimiento material, moral y espiritual de todos los cubanos.
XXII. APRENDER DE ÉL. SEGUIR SUS PASOS
La Iglesia Católica en Cuba, a través de sus pastores, y en el
marco del Encuentro Nacional Eclesial Cubano, celebrado en La Habana en febrero
de 1986, inició la Causa de Vida y Virtudes del P. Varela. Para conocimiento
de todos transcribimos el Decreto:
NOS JAIME LUCAS ORTEGA Y ALAMINO, POR LA GRACIA DE DIOS Y DE LA SEDE APOSTÓLICA,
ARZOBISPO DE SAN CRISTÓBAL DE LA HABANA.
A instancias de Monseñor Pedro Meurice Estiú, Arzobispo de Santiago
de Cuba, Postulador de la Causa, nombrado por la Conferencia de Obispos de Cuba
y como tal aprobado por Nos. obtenido el consentimiento de la Sagrada Congregación
para las Causas de los Santos, teniendo en cuenta lo dispuesto por la Constitución
Apostólica "Divinus Perfectionis Magister", de fecha veinticinco
de enero de mil novecientos ochenta y tres, y por estimarlo de la mayor gloria
de Dios y bien de nuestro pueblo, iniciamos en nuestro tribunal de San Cristóbal
de La Habana, la Causa de Vida y Virtudes del Presbítero Félix
Francisco José María de la Concepción Varela y Morales
e invitamos a todos los fieles de nuestra Arquidiócesis, así como
a los de todas las diócesis de Cuba, para que con el consentimiento de
sus respectivos Ordinarios, tengan a bien comunicarnos todas las noticias –documentos
o hechos- relacionados con dicha Causa y de las que tengan conocimiento cierto.
Dado en la Ciudad de La Habana, a los veinte días del mes de febrero
de mil novecientos ochenta y seis.
Doy Fe:
Vicente Abreu +Jaime, Arzobispo de La Habana
Pro- Canciller.
XXIII. PADRE DE NUESTRA CULTURA
El Consejo de Estado de La República de Cuba instituyó la Orden
"Félix Varela" para honrar a personalidades nacionales y extranjeras
que tengan una labor eminente en el mundo de la cultura. El nombre y la imagen
del "Primero que nos enseño a pensar", del que es considerado
por todos como Padre de la Cultura Cubana y precursor de nuestra Independencia,
esa imagen y ese nombre son signos genuinos de los grandes tiempos fundacionales
de nuestra nacionalidad.
Con motivo del Bicentenario del Natalicio del P. Varela, los Católicos
en Pinar del Río han tenido la iniciativa, aprobada por el Sr. Obispo,
de pedir en una carta enviada al Papa Juan Pablo II un "deseo que late
en lo más profundo de nuestros corazones cubanos y cristianos, de poder
ver un día elevado a la gloria de los altares, para edificación
de todo el pueblo al P. Félix Varela y que podamos proponerlo como ejemplo
de santidad por sus virtudes heroicas".
Esta carta fue firmada por miles de pinareños y enviada a Roma.
El Santo Padre Juan Pablo II ha manifestado a los Obispos cubanos, refiriéndose
a la evangelización de la cultura que: "con ello la Iglesia en Cuba
no hará sino ser fiel a su propia tradición de estar activamente
presente en la historia del pueblo cubano, como lo hizo desde los orígenes
del nacimiento de la nacionalidad cubana con figuras insignes como el sacerdote
Félix Varela, verdadero maestro en lo referente a las posibilidades del
pensamiento humano, en los valores de la libertad, de la independencia, de la
justicia en toda su dimensión y sobre todo, verdadero hombre de Iglesia
y cultivador de los valores del espíritu".
XXIV. LOS CUBANOS ESPERAMOS LA EXALTACIÓN DEL P. VARELA
Durante los diez años que nos separan del ENEC ha crecido en los católicos
cubanos y también en todo nuestro pueblo el conocimiento y veneración
por la vida y la obra del Presbítero Félix Varela.
La Iglesia ha trabajado para recopilar toda su obra escrita, para dar a conocer
su vida, para continuar su tarea de "enseñar a pensar" a los
cubanos.
Concluida esta etapa, se ha abierto otra frase que resulta más decisiva
e importante. En efecto, con motivo de la celebración del II Encuentro
Nacional en La Habana, cuya clausura coincidió con el 143 aniversario
de la muerte del P. Varela, antes de concluir la Misa solemne en la Catedral,
se efectuó la Apertura Oficial del proceso de Beatificación y
Canonización de Félix Varela así como la Ceremonia de Juramento
del Tribunal encargado de llevar adelante el proceso.
Cuando la Iglesia declara oficialmente que una persona ha alcanzado la santidad
quiere decir que siguió a Jesucristo en esta vida con virtudes heroicas
y que goza junto a Dios de la gloria eterna, luego de concluir un proceso de
investigación de su vida, obra, virtudes y milagros.
Este proceso no agrega nada a la santidad de la persona, que tuvo que haberla
alcanzado, por la gracia de Dios, durante los días de su vida mortal.
Lo que hace la Iglesia es declarar oficialmente que así fue y que esa
persona puede ser venerada por sus virtudes heroicas y la santidad de su vida
y servir de ejemplo a los demás cristianos.
Creemos que las personas que han vivido santamente en esta vida han alcanzado,
por la misericordia de Dios, vivir eternamente en su Gloria. Todas esas personas
son santos y santas pero no todas han sido proclamadas oficialmente de manera
universal por la Iglesia. No todas han sido canonizadas. La Iglesia celebra
estos Santos y Santas el día 1ro de Noviembre: Día de Todos los
Santos.
Para aquellos que son exaltados de una manera universal se marca un día
en el Calendario Católico y ese día se celebra su Fiesta. Siempre
se escoge el día de su muerte por ser el tránsito a la Gloria
de Dios.
Este proceso consta de dos partes fundamentales:
La beatificación: El Papa personalmente responde a la solicitud del Obispo
que postula la causa declarando Beato al cristiano con la siguiente fórmula:
"Nos, acogieron los deseos de nuestro hermano el Obispo de N..., así
como de otros hermanos en el episcopado y de numerosos fieles cristianos, después
de haber escuchado el parecer de la Congregación para las Causas de los
Santos, con Nuestra Autoridad Apostólica establecemos que el Venerable
Siervo de Dios N..., de ahora en adelante sea declarado Beato y que su fiesta
pueda celebrarse todos los años en los lugares y del modo establecido
por el derecho, el día de su tránsito para el cielo: 25 de Febrero.
En el Nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, Amén.
La canonización: El Sumo Pontífice concluye el proceso declarando
Santo a la persona anteriormente beatificada y extiende el culto de veneración
que se brinda a estos héroes del cristianismo a toda la Iglesia Universal
inscribiéndolo en el Catálogo de los Santos con la siguiente fórmula
y hablando "ex cathedra", es decir, con toda su autoridad e infalibilidad:
"En honor de la Santísima Trinidad, para la exaltación de
la fe católica e incremento de la vida cristiana, con la autoridad de
nuestro Señor Jesucristo, de los Santos Apóstoles Pedro y Pablo,
y con la Nuestra, después de madura deliberación y tras implorar
intensamente la ayuda divina, oído el consejo de muchos de nuestros hermanos,
decretamos y definimos que el beato N... es Santo y lo inscribimos en el Catálogo
de los Santos, estableciendo que sea venerado devotamente entre los santos en
toda la Iglesia. En el Nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.
Amén".
En el caso del Padre Félix Varela primero debe ser proclamado Beato y
luego Santo. Su fiesta sería el 25 de Febrero de cada año por
ser el día de su muerte.
Todos los católicos debemos unir nuestra petición a la de muchos
cubanos de buena voluntad para suplicar el Santo Padre Juan Pablo II que proclame
oficialmente la santidad del Fundador de nuestra Nacionalidad.
Une tu solicitud a la de tu comunidad cristiana, a la de nuestros Obispos. Acude
al Aula Magna de la Universidad de La Habana a venerar sus restos benditos.
Coloca una imagen del P. Varela en tu casa, haz la oración aprobada por
la Iglesia para implorar su canonización y sobre todo da a conocer a
otros muchos cubanos esta biografía que nos debe inspirar y servir de
ejemplo para nuestras propias vidas.
Que el Padre Félix Varela y Morales sea proclamado Beato y Santo no es
algo exclusivo de los católicos cubanos sino que constituye un supremo
honor para toda la Nación y para cada hijo de este suelo, piense como
piense, viva donde viva.
La exaltación del primer cubano a la gloria de los altares no es sólo
reconocer que los hijos de esta tierra tienen suficientes virtudes y heroísmo
como para que uno de nosotros sea declarado Santo, sino que además un
hijo insigne de nuestra Patria es propuesto como ejemplo y paradigma de vida
para todas las naciones de la tierra.
Podemos decir que la gloria de uno de sus hijos es también la gloria
de toda Cuba y de la Iglesia Universal extendida por todo el mundo.
XXV. ORACIÓN PARA IMPLORAR LA CANONIZACIÓN DEL PADRE FÉLIX
VARELA
Oh Dios, que en tú amorosa providencia llamaste a tu Siervo FÉLIX
VARELA a ser un apóstol del Evangelio de Jesucristo, concédeme
la gracia de imitar sus virtudes y cumplir fielmente mis deberes. Te prometo
cumplir los Mandamientos y practicar la ley suprema del amor. Dame fortaleza
espiritual para resistir las tentaciones de pecado y sobrellevar con dignidad
y entereza las dificultades de la vida.
Hazme un instrumento de tu amor para llevar consuelo a los que sufren, enseñar
a los que no saben y promover la causa de la verdad, la justicia y la paz. Finalmente
te ruego que glorifiques a tu Siervo FÉLIX VARELA y me concedas por su
intercesión este favor especial (haga aquí la petición).
Te lo suplico por el mismo Jesucristo Nuestro Señor.
Amén.
Padre Nuestro, Avemaría y Gloria.






